Olvidando mi esencia volvía a ser mortal, ecuánime y estándar, callada y maleable, sujeté mi cabello, usé finas ropas, me moví con la gente como en una corriente, me apagué, para seguir con ellos, camuflé mi poder.
Mas en mi solsticio de invierno, he dejado mis grilletes, la fiera está suelta, la montarás vuelve a su reinado, bajo mis pies tiemblan las comunes estrellas, cuyo brillo es un reflejo del mío, bajo mis pies perecen los monstruos, el viento me lleva, floto en el añil y respondo al llamado de mi herencia: el mundo por sus cuatros costados le pertenece a mi luz.
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